Mil y un lecturas.

25 de Mayo de 1995, 17:00

Una linda joven aguarda sentada pacientemente en una de las bancas del parque central de la ciudad.

Es poseedora de una belleza que cualquier mujer envidiaría, su cabello es ondulado de un tenue color rojizo, sus ojos son de un profundo color azul, su piel es blanca y tan tersa como una fina seda.

En estos momentos la chica se encuentra preocupada, y un tanto triste. Entre sus hermosas manos tiene un pequeño pañuelo de color blanco que ha sido usado para limpiar algunas lágrimas que han brotado de sus hermosos ojos.

El tiempo está corriendo, y con el pasar de los minutos la tristeza y la soledad crecen en su interior, poco a poco comienza a perder la esperanza.

En su mente imagina el escenario ideal, ella alzando la mirada hacía la entrada del parque, una silueta masculina comienza a dibujarse lentamente, ella con algo de duda y un poco de temor se pone de pie.

La silueta comienza a serle familiar, y ella emprende una marcha veloz a los brazos de su amado. Él la toma entre sus brazos, ella puede sentir la calidez y el amor que él le tiene, ambos se miran a los ojos, sus rostros comienzan a acercarse lentamente, sus labios hacen contacto, su interior se siente como si miles de mariposas aletearan al mismo tiempo. Se encuentra amada y protegida entre los brazos de su hombre.

Pero no ocurre, y no ocurrirá. La noche comenzó a caer, y ella ha perdido toda la esperanza de encontrase con su amor.

Las lágrimas comienzan a emerger, una tristeza comienza a crecer dentro de su ser, siente como su corazón se ha roto en miles de pedazos, y esos pedazos en otros miles.

La chica toma su pañuelo y comienza a secar sus mejillas. Haciendo uso de toda su fuerza voluntad logra ponerse de pie, y avanza lentamente a la salida del parque.

La joven se encuentra destrozada.

25 de Mayo de 2045, 17:00

Su rostro es iluminado por la cálida luz que desprende el fuego de la vieja chimenea, un hombre anciano se encuentra sentado en el sillón.

El tiempo había hecho lo suyo, sus cabellos de haber sido de negro paso a ser de un color tan blanco como la nieve misma. Su rostro, que alguna vez había expresado viveza juvenil, ahora se encontraba lleno de arrugas, y expresa un gran cansancio.

Una fuerte tos comienza a atacarle, con toda la rapidez que su viejo cuerpo puede darle, tomo la mascarilla de oxigeno, la colocó sobre su nariz, y abrió la válvula del tanque.

Inhalo con fuerza y exhalo con lentitud, tal y como le había indicado el doctor, después de diagnosticarle cáncer de pulmón.

Poco a poco la toz empezó a desaparecer, el viejo se incorporó con lentitud y una vez que se recuperó, dejó de lado la mascarilla.

– ¿Se encuentra bien, señor?-Pronuncio una voz que provenía del segundo piso de la casa.
– Sí muchacho, me encuentro bien. –Dijo el viejo con su profunda voz.- ¿Ya has terminado de arreglar ese cuarto?

Un muchachito de no más de quince años entro en la habitación donde el viejo se encuentra.

– Si señor, ya he terminado. Quería preguntarle algo, encontré esta vieja chaqueta en una de las cajas, me preguntaba si podría dármela en lugar de mi paga, ¡Creo que es genial!

Los ojos del viejo casi salen de sus cuencas cuando vio esa vieja y percudida chaqueta. Un millar de recuerdos comenzaron a aparecer en su mente, recuerdos que le inducían muchísimos sentimientos.

El viejo estiro la mano –Dame acá hijo – ordenó al crio, y este sin entender muy bien lo que estaba ocurriendo se la entrego sin preguntar.

Tomo la chaqueta con sus temblorosas manos, algo dentro de él retumbaba sin cesar, esa vieja chaqueta le traía muchísimos recuerdos.

-¿Señor, está bien?

El viejo tardo un poco en contestar –Si, si, me encuentro bien, toma y ven la próxima semana, tal vez te regale esta chaqueta – Dijo mientras le entregaba un par de billetes al crio.

– Hasta la semana que viene señor, ¡Espero que así sea!– sonrió el crio mientras abandonaba la casa.

El anciano se puso la chaqueta de vuelta -¡Ah cuantas aventuras pasamos juntos! Si tan solo pudieras hablar- pensó el viejo mientras acomodaba el cuello de la chaqueta.

Sintió que había algo guardado en el bolsillo interno, con suma lentitud introdujo su mano y sacó una pequeña carta, ¡Era como si la chaqueta había escuchado sus deseos y esta se dispuso a contar una historia!

El papel se había tornado amarillento por el tiempo, pero aun podía leerse las palabras que estaban escritas en ella.

El viejo comenzó a leer una a una las frases escritas con tinta negra, frases que profesaban un profundo amor hacia él.

Mientras las palabras saltaban a sus ojos, a su memoria llegó la imagen de una bella mujer.

Lentamente los recuerdos de antaño comenzaron a tomar vida, el encuentro que jamás ocurrió, el amor que nunca se consumió, el ser abandonado, la persona olvidada, la oportunidad perdida, el beso negado, el abrazo inconcluso, las palabras no dichas, la carta que se leyó más de mil veces.

El viejo agachó la mirada, la nostalgia y la melancolía le embargaron por completo – ¿Cómo hubieran sido las cosas si tan solo yo…? – Su respiración se volvió errática, comenzó a sentir un leve picor en el pecho que en cuestión de segundos se transformó en una horrible sensación de dolor, como si le estuvieran encajando un millar de agujas en el pecho.

Todo a su alrededor se volvió obscuro, el dolor comenzó disminuir lentamente, los latidos de su corazón se hicieron fuertes para luego desaparecer, sus manos continuaban aferradas a la carta, sus pensamientos se apagaron y lo último que logró ver fue la frase final que leyó.

“En el parque central, estaré esperando por ti… Solo por ti…”