Lagrimas Plateadas.

Estaba ahí de pie, contemplando completamente absorto la brillantez de la luna, le parecía asombroso como es que desde ese punto el astro lunar se veía tan grande. Se pregunto así mismo si alguien mas estaría mirando la luna en ese momento, y si la disfrutaba tanto como el lo hacia.

Bajo la mirada con lentitud, recordando los viejos tiempos en el que él y ella miraban juntos la luna desde el balcón de su casa. Recordó como ella pasaba sus tersos dedos por su cabellos dorados, el olor natural de su cuerpo, y la dulce canción que tarareaba mientras ambos miraban la luna.

Recordó también todas esas experiencias que el había vivido junto a ella, sentimientos que nunca habría logrado sentir por si solo. Las largas caminatas por el parque central tomados de la mano, el helado que habían disfrutado juntos en aquella vieja banca, donde también le había pedido formalizar su relación. La llegada de su primer y único hijo, los desvelos que sufrieron al tener que acudir al llanto del bebe. Era sin duda una ardua tarea, pero el lo gozaba, el disfrutaba todo cuando estaba junto a ella, cada segundo, cada minuto y hora, día, semana y mes, todos atesorados con recelo en su memoria.

Lágrimas rodaron por sus mejillas, lágrimas que adquirían un color plateado por la hermosa luz de la luna. Fijo su vista en los nombres de las tumbas. Ahora el estaba solo.

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